Tiestos recuperados en intervenciones arqueológicas concretadas en la Reducción Jesuita de Santa Ana

Por: Lorena Halberstadt
Licenciada en Artes Plásticas – Magíster en Culturas Guaraní Jesuíticas. Becaria de investigación CEDIT-CONICET.
E-mail: artemisiones@hotmail.com

Introducción

El interés por aportar nuevos conocimientos y reunir en un solo material datos e imágenes referidas a la producción cerámica, produjo la elección del tema de estudio. En la búsqueda de información sobre el Arte Jesuita Guaraní encontramos datos de la imaginería, la escultura, la pintura, la música, la arquitectura y muy pocas veces con un capítulo o párrafo dedicado exclusivamente a la cerámica; además la poca información que se encuentra se halla dispersa y no reunida en un solo cuerpo.

En el abordaje del trabajo, se entrelazan diferentes disciplinas: artes plásticas, arqueología e historia. El corpus principal de fuentes primarias constituido por: a) textos: cartas anuas, crónicas, relatos de viajeros, investigadores y teóricos, y b) imágenes y cultura material: vestigios cerámicos y entorno natural. Para el análisis de los tiestos, se tuvo en cuenta: manufacturas, cocciones, formas y tratamientos de superficies. El material teórico base utilizado (bibliografía editada e inédita) se asienta en: Pedro Augusto Mentz Ribeiro (conceptos del campo arqueológico, el trabajo de campo y de laboratorio), Branislava Susnik - Dionisio Gonzáles Torres y José Proenza Brochado (conceptos sobre la cerámica guaraní); además, datos de investigaciones PICT-O y ARSA (Poujade y equipo), conocimientos adquiridos en las carreras de grado: Profesorado y Licenciatura en Artes Plásticas, y de posgrado: Especialización y Maestría en Cultura Guaraní Jesuítica - Facultad de Artes, UNaM.

Los tiestos fueron recuperados del “estanque” y “canaleta” ubicados en el sector Este del huerto, por medio de las intervenciones arqueológicas concretadas en el sistema pluvial de la Reducción Jesuita de Santa Ana, intervenidas en el marco de los proyectos de investigación2: ARSA y PICT-O.

Introducción al contexto histórico, sitio y elementos arqueológicos

Las misiones jesuitas abarcaron parte del actual territorio del Paraguay, Brasil y Argentina; temporalmente entre 1609, primera fundación en San Ignacio Guazú, y 1768, momento en que fueron expulsados los jesuitas por la Corona Española.

La reducción de Santa Ana fue fundada en la región del Tape en 1633, actual estado de Río Grande do Sul (Brasil). Los ataques reiterados de las bandeiras paulistas, que esclavizaban a diversas etnias entre las que también estaba la guaraní, no solo los grupos dispersos en la floresta sino también aquellos reducidos por los jesuitas, provocó en 1637 el traslado de jesuitas y guaraníes, llegando a la ubicación definitiva en 1660, localizada actualmente en el municipio de Santa Ana, departamento de Candelaria, provincia de Misiones.

La distribución del espacio urbano en la misión estaba dispuesta en torno a la plaza y el principal referente era la Iglesia, centro principal de poder espiritual y terrenal; relacionado con uno de sus lados el colegio y con el otro el cementerio de indios. A continuación del primero, el taller; detrás del Templo, colegio, taller y cementerio, el huerto. Al costado del cementerio, el cotyguazú.

La cerámica, los oficios y otras disciplinas importantes para la construcción, vestimenta, alimento, uso doméstico y ceremonial, eran desarrollados en los talleres. El sitio, adyacente al colegio, tenía un gran patio central y oficinas en dos de sus lados.

En el huerto había plantaciones, especies comestibles y medicinales. Dentro de éste se encontraba el estanque y canaletas, que conformaban el sistema pluvial; el estanque albergaba agua para consumo y necesidades humanas.

A principios del año 2007, se realizó una limpieza del estanque por parte de operarios del “Programa Misiones Jesuíticas” de la provincia de Misiones, en relación al proyecto de investigación “PICT-O 5173” dirigido por la arqueóloga: Ruth Adela Poujade. Los restos arqueológicos recuperados fueron llevados al laboratorio del centro de visitantes de la reducción, distribuidos sobre una de las mesas del lugar para un posterior estudio; al igual que los elementos provenientes de la canaleta.

El trabajo de laboratorio se inició observando detenidamente los tiestos ubicados sobre las mesas del lugar.

Elementos arqueológicos recuperados del “estanque”

Los elementos fueron clasificados según un sistema proveniente del campo arqueológico en grupos “funcionales”, “clases” y “tipos”.

Dentro de los grupos funcionales, se destacan: arquitectura, doméstico, ceremonial, industrial y defensa. En el grupo arquitectura, en la clase “cerámica”, se encontró: restos de pavimentos y un fragmento de teja de grandes dimensiones. En el grupo doméstico y ceremonial: gran cantidad de “tiestos” de diversos tipos (fragmentos de cerámicas); “maderas” de formas diferentes; restos de “guembé”, material con el cual antiguamente y en la actualidad los guaraníes confeccionan canastos. En el grupo industrial: un fragmento de “vidrio”;  dos “canicas” (también de vidrio); no pertenecientes a la época de estudio. En defensa, una bola de boleadora de forma lenticular en piedra. También se han encontrado “ecofactos”, es decir, elementos no producidos por el hombre pero sí utilizados por él: dos fragmentos de huesos y una piedra “geoda”.

El análisis de los elementos arqueológicos, se acotó distinguiendo dentro de los grupos funcionales: doméstico y ceremonial en la clase cerámica: seis tipos de tiestos. El nombre de los tipos es de carácter binominal: el primer dato alude al lugar y el segundo a la diferencia de la superficie del material.

Tipologías de tiestos del sector del estanque

1) “Santa Ana rojo” Cien fragmentos. Recibe esta denominación por el color rojo que presentan; en algunos casos con aspecto bruñido, en otros, opacidades y en un caso ennegrecimiento emanado probablemente por la consecuencia de alguno de los incendios producidos en la reducción.

El engobe es una técnica decorativa propia de América que se realiza mezclando arcilla líquida (barbotina) con óxidos metálicos o colorantes; en la actualidad se agrega bicarbonato de sodio o fundente (para que el engobe se adhiera mejor a la pieza). Félix de Azara, quien exploró estas tierras en el siglo XIX, cuenta: “Para darles color rojo, deslíen en el agua una tierra como almazarrón que sacan de la inmediación del cerro de Acaay, y con ella bañan la vasija…” (Azara en Torres 1987: 205-206).

En relación a la preparación de la materia prima, la arcilla, se encontró dos fragmentos muy característicos por las partículas que presentan su superficie interna y externa: uno parece ser mezclado con arena y el otro con gran cantidad de hueso molido. Estos materiales (arena y hueso) corresponden con antiplásticos que permiten que la pieza no se contraiga demasiado, no se agriete y reaccione mejor en determinadas temperaturas.

El material es greda negra con alguna arena, que extraen de los valles y lugares hondos, la cual a mano maceran con poco agua mezclándola una parte de polvos, que sacan del molimiento de vasijas rotas. Dicen que sin esta mezcla se abren las piezas con el fuego.” (Azara en Torres 1987: 205-206)

2) “Santa Ana grabado”. Cuatro fragmentos que pertenecen a la misma pieza, dado el grosor de los mismos, superficie externa e interna y principalmente por el detalle del dibujo: incisiones de líneas rectas, diagonales, curvas y circulares sobre el engobe rojo.

3) “Santa Ana liso”. Setenta tiestos. Recibe el nombre los fragmentos con superficie lisa, sin coloración ni texturas, con el propio color y textura de la arcilla.

4) “Santa Ana escobado”. Un fragmento de pequeñas dimensiones. La técnica del escobado consistía en pasar las espigas de maíz sobre la superficie de la pieza aún fresca, para fijar sus impresiones. También se denomina: escobillado o cepillado.

5) “Santa Ana vidriado”. Dos fragmentos dentro de esta tipología, uno de tono verdoso y otro marrón; los dos con una tonalidad brillante en la superficie interna y externa. El fragmento de color verde, observamos en otras reducciones y museos jesuíticos. El vidriado o esmaltado es una técnica de decoración traída por los europeos. Utilizaban algunos materiales propios de la región, con la incorporación del plomo y la sal. “La técnica del vidriado consistía en aplicar un betún con plomo batido en yema de huevo con el cual se obtenían un color verde amarillo, y siguió empleándose, aunque en forma limitada, por lo menos hasta el presente siglo”[1].

6) “Santa Ana loza”. Cinco piezas de la misma pasta pero de diferentes formas: tres fragmentos que juntándolos dieron la forma de un plato playo y dos pertenecientes a la base de un objeto no identificado. Los tipos de loza hallados, no fueron desarrollados en los talleres misionales; en el museo del centro de visitantes de la Reducción Jesuita de Nuestra Señora de Loreto hemos observado un plato (entero) igual al de Santa Ana, en la parte inferior del plato de Loreto está inscripto un detalle en inglés que evidencia su origen europeo.

Tipologías de tiestos del sector de canaleta

A diferencia de los fragmentos cerámicos del sector del estanque, los tiestos correspondientes a la canaleta son más dispersos, pequeños e individuales. Se destacan cinco tipos dentro de la clase cerámica, grupos funcionales: doméstico y ceremonial.

“Santa Ana rojo”. Fragmentos que tienen engobe en la superficie externa e interna y pertenecen en su mayoría a la parte de la pared de la pieza.

“Santa Ana grabado”. Una pieza con engobe rojo y líneas incisas rectas diagonales.

“Santa Ana liso”. Varios fragmentos dispersos, de grosores diferentes y pequeños; uno de ellos pertenece a la parte del borde.

“Santa Ana vidriado”. Dos fragmentos iguales que corresponden a la parte de la base y pared de la pieza, de tono verdoso y grosor fino. Es característico el color de la pasta, de tono claro, muy parecido a loza; lo cual permite deducir, que en los talleres se produjeron lozas esmaltadas o al menos se acercaron a este tipo de pasta.

“Santa Ana texturas”. Denominamos así a todos los fragmentos que presentan diferencia en su superficie externa, ya sea corrugado o escobado, imbricado y unguiculado. Encontramos un fragmento “escobado” y varios “imbricados”.

Conclusiones

La investigación posibilitó el acercamiento a la vida de la Reducción de Santa Ana a través de sus tiestos, desde la recuperación de los mismos en el sistema pluvial: del estanque y la canaleta ubicados dentro del huerto del trazado urbano. A través de este patrimonio tangible dilucidar: como, con qué, quienes y qué tipo de elementos elaboraron en cerámica; además los ámbitos de utilización y acercarnos a supuestos sobre la reutilización de esos elementos y espacios.

Las vasijas y fragmentos cerámicos evidencian características europeas y de la tradición tupíguaraní. En la primera etapa de contacto, prevalecieron las características guaraníes: materiales y herramientas naturales, formas abiertas, bases globulares, tratamientos de superficies (engobes y texturas: imbricado, corrugado y unguiculado) y aspectos expresivos de la tradición tupíguaraní; paulatinamente fue evolucionando la manufactura, y se incorporaron nuevas técnicas y materiales: el torno alfarero, moldes; el plomo, el estaño y la sal para vidriar objetos. Las nuevas técnicas permitieron mayor producción y calidad formal en menor tiempo.

Otro hecho que amerita atención: es la metodología de trabajo en la producción cerámica; en los talleres misionales el tiempo era un factor importante, cuidadosamente establecido y vigilado; en cambio dentro de la tradición tupíguaraní era regida por fines místicos, rituales y cosmológicos.

Clasificación de la cerámica reduccional

A partir del análisis de los tiestos y contrastación con la bibliografía e imágenes de cerámicas presentadas en otros museos, se reunió elementos relevantes y aspectos interesantes, como ser: la incorporación de componentes europeos, la experiencia de loza en los talleres, la utilización de asas, la extensión de los ámbitos de uso, entre otros aspectos; con ello se elaboró una clasificación en tres partes: materiales y herramientas, propiedades formales, y aspectos expresivos y funcionales. Es un aporte que permite entender la cerámica elaborada en las misiones, tomando este caso de Santa Ana: de los fragmentos cerámicos provenientes del estanque y la canaleta.

1) La materia prima en la producción cerámica es la arcilla, denominada en la región “barro ñai ü”. Incorporaron polvos y tierras de colores, cenizas, huesos calcinados molidos, piezas cerámicas trituradas y molidas (chamote) y arenas a este barro para lograr mayor plasticidad, que la pieza no se agriete al secarse y resista las temperaturas de cocción. También observamos pastas de tonalidades claras, principalmente en los fragmentos vidriados, las cuales deducimos refieren a una experiencia de loza realizada en los talleres. Cabe destacar, observamos entre los fragmentos analizados tiestos de loza proveniente de Europa, que corresponde a una reutilización del espacio, ya que las características de este tipo de cerámica data del siglo XIX.

Para modelar, dibujar, esgrafiar y pintar las piezas, utilizaron principalmente las manos y elementos naturales: engobes (tierras y polvos de piedras, de colores; caparazones de caracoles triturados y molidos), vidriados o esmaltes, también preparados con tierras de colores mezcladas con elementos traídos de Europa.  Para bruñir: ceras, gomorresinas, piedras y cantos rodados.

2) Entre los métodos de elaboración se encontró la técnica del “rodete” (a partir de rollos espiralados superpuestos práctica milenaria de tradición tupíguaraní), moldes y alfarería. De acuerdo a las formas de los tiestos y piezas enteras se afirma los siguientes elementos: tazas sin asas, candeleros, tinajas, fuentes, grandes ollas con tapas y sin tapas, bacinillas con y sin asas, cántaros, pilas bautismales, cáliz, platos, fuentes, cuencos, vasos, entre otros enceres.

Algunas vasijas presentan bases planas y otros globulares; el primero introducido por la cultura europea y el segundo propio de la tradición guaraní en apoyar los elementos sobre la tierra, por lo que era necesaria una base globular.

En relación a la cocción, se destacan: reductoras y oxidantes. Al momento no se encontraron vestigios de los hornos dentro del sitio arqueológico; se deduce que quemaron en grandes pozos sobre la tierra y gradualmente fueron evolucionando este sistema según la cantidad de elementos y temperaturas. Para el biscocho general la temperatura de cocción oscila entre los 700° a 900° y para el “vidriado” alrededor de los 1000° o más.

Los tratamientos de superficies:

a. Engobes y vidriados. Planos, líneas de color y diseños geométricos. Se caracterizan en los engobes tonos rojos, negros, grises, ocres y blancos. En el vidriado o esmaltado prevalecen los tonos verdosos, en algunos casos grises y marrones.

b. Texturas. Se agrupan en este ítem los tratamientos de superficies que presentan diferencias táctiles en la parte exterior: corrugado, imbricado y unguiculado. El corrugado se realiza con elementos naturales, el imbricado con la presión del dedo pulgar y el unguiculado con las uñas. Son módulos rítmicos ubicados uno al lado del otro, arriba y abajo, pueden estar en vertical, horizontal y en diagonal.

c. Grabados. Dibujos geométricos (líneas rectas, diagonales y paralelas, y formas planas, círculos concéntricos) incisos y esgrafiados sobre la superficie externa.

3) Aspectos expresivos y funcionales. En relación a la clasificación arqueológica en grupos funcionales, se establece que la cerámica producida en los talleres fueron utilizadas en los ámbitos: doméstico, ceremonial y arquitectónico.  El primero: en las viviendas de guaraníes, habitaciones de los padres y hermanos, entre otros espacios individuales y/ o comunitarios, donde manipularon elementos cerámicos para contener líquidos y/ o sólidos, en algunos casos para apoyar sobre la tierra y otros en mesas. Se infiere también el uso de objetos cerámicos para higiene y uso personal (palanganas y bacinillas). Dentro del Templo, recurrieron a objetos para contener la eucaristía, el vino y bautizar a los nativos “pilas bautismales”. También realizaron con arcilla elementos de uso arquitectónico: cerámicas de pavimento, ladrillos y techumbre; por los tiestos encontrados se destacan, en algunos casos superficies vidriadas en verde, lisas y esgrafiadas. Las baldosas decoradas pertenecían a un sector importante dentro del trazado urbano: al colegio y/ o Templo. Las tejas fueron realizadas y presentadas en todos los ámbitos, aunque también se destacan algunos fragmentos con detalles en los bordes que podrían pertenecer al colegio y/ o Templo.

Los hacedores de la cerámica en las misiones jesuitas, fueron tanto hombres como mujeres; no se puede acotar  la producción al género femenino, simplemente establecer que de acuerdo a los períodos históricos se destacó la presencia del hombre y en otros de la mujer. Los padres y hermanos coadjutores guiaban el proceso de producción artística y artesanal en los talleres y el colegio, pero en relación a la disciplina “cerámica”  los grandes maestros fueron los nativos.

Notas

1. El presente artículo refiere al tema de tesis de Maestría en Culturas Guaraní Jesuíticas, que se realizó en el marco de las becas de investigación (2008-2009) del CEDIT (Comité Ejecutivo de Desarrollo e Innovación Tecnológica) de la provincia de Misiones. Directora de beca y tesis: Ruth Adela Poujade - Co-directora de beca: Mary Mabel Pellizzer

2. Proyectos dirigidos por la arqueóloga Ruth Adela Poujade y el Doctor Antonio Austral (Universidad Nacional de Misiones y Universidad Nacional de Rosario respectivamente), con el auspicio y apoyo logístico del “Programa Misiones Jesuíticas” dirigido por el arquitecto José Luis Pozzobón, vinculado a la Subsecretaría de Gestión Estratégica, a cargo del Arq. Sergio Aldo Dobrusín del gobierno de la provincia de Misiones.

Referencias Bibliográficas

De Azara, F. 1990. Descripción general del Paraguay. España: Alianza Editorial.

Brochado, J. 1973. Migraciones que difundieron la Tradición Alfarera Tupiguarani.  Buenos Aires: En Relaciones: Tomo VII Nueva Serie.  Sociedad Argentina de Antropología.

Furlong, G. 1946. Artesanos Argentinos. Durante la dominación hispánica.  Buenos Aires: Cultura Colonial Española.

Furlong, G. 1969. Historia Social y Cultural del Río de la Plata 1536 -1810. El transplante Cultural: Ciencia. Tipográfica Tea, Cap. “La Vieja y la Nueva Química”, pp. 499-500, Buenos Aires: editora Argentina.

Maeder, E. 1991. Talleres Artesanales de los Pueblos de Indios en las Misiones Jesuíticas del Paraguay, en Cristina Esteras (coord.), Formación profesional y artes decorativas en Andalucía y América, Sevilla, Junta de Andalucía.

Mentz Ribeiro, P. 1977. Manual de introducción a la arqueología.  Porto Alegre: Livraria Sulina Editora. Porto Alegre.

Page, C. 2005. Educación y evangelización.  Informe de Nina Kislo de Kairiyama referido a la cerámica vidriada encontrada en la Reducción de Trinidad, Paraguay, cita de Perazo, J. 1992. Historia y arqueología del pueblo de la Santísima Trinidad de Paraná. Instituto Paraguayo de Prehistoria. Fundación Leroi – Gourhan, Editorial Litorolos, San Lorenzo, Paraguay. Córdoba.

Poujade y equipo. (2009). ARSA - Aproximación a la Reducción de Santa Ana y su contexto. Universidad Nacional de Misiones y Universidad Nacional de Rosario. Misiones: Editorial Universitaria.

 

[1] Perazo, J.  1.992.  en informe realizado por Nina Kislo de Kairiyama, citado en el libro de Carlos A. Page.  2.005.