Arqueología de Santa Ana

Por: Dra. Ana María Rocchietti
Centro de Estudios de Arqueología Histórica
E-mail: anaau2002@yahoo.com.ar

“Los habitantes creen que allí existe una gran serpiente que cuida de los tesoros que los jesuitas dejaron enterrados y hay muchos que por nada se animan a andar por las ruinas.” (Ambrosetti, 2008: 222).

“Señora: ¿por qué quiere excavar acá? En este lugar pasaron cosas terribles” (Un obrero)

Bonpland

La historia de su verdadero final puede remontarse a la aventura de Amado Bonpland, naturalista, médico, compañero de Humboldt, nombrado Botánico y Superintendente de los Jardines de Malvaison por Bonaparte y arribado al Río de la Plata convencido por Sarratea, Belgrano y Rivadavia a quienes conoció en Inglaterra (Machón, 2004).

¿Qué motivos tenía Bonpland para venir desde tan lejos? Machón –quien reproduce en parte y narra la crónica hecha por el propio francés extranjero- encuentra la razón en su Diario: estudiar las plantas nativas del Paraguay e iniciar un negocio con la yerba mate. Sus plantíos habían sido domesticados por los jesuitas sobre la base del antiguo conocimiento de sus propiedades por los indios guaraníes.

En el largo camino hace una serie de paradas que cambian su destino como punto de llegada y como deriva de su existencia. Parte el 1o de octubre de 1820 hacia Corrientes y entra en contacto con Francisco –Pancho- Ramírez, constructor de una República Entrerriana de poca duración y tuerce el rumbo hacia Misiones pasando por pueblos y postas solitarios. No va solo, lo acompañan otro francés y tres peones. Tiene en mente poner una chacra de cultivo de la caá.

Pero el país era extenso y violento. Se encuentra con una partida militar que da escarmiento –a su juicio injusto- a unos indios que se han levantado porque los paisanos robaron una india. Aprovechan para despojarlos de sus ganados y verifica que los indígenas se refugian habitualmente en el monte espeso, cerca de Mártires. Mientras evalúan los yerbales que logra ver. Lejos están los jardines napoleónicos de esta América Meridional.

El 24 de junio de 1821 habrá de encontrar Santa Ana y proyecta establecer allí su chacra. Ésta es su descripción:

El pueblo de Santa Ana era uno de los más bellos del Entre Ríos, su colegio sobre todo, estaba construido sobre un buen plano y admiramos todavía la belleza y la elevación de sus corredores que han sido asolados por las llamas y el hacha. El colegio en su fachada al verdadero norte, da sobre una bella plaza cuadrada de la extensión de una cuadra. Al oeste de la puerta principal del colegio, sobre el cual se ve todavía escrito “In nomine Dei 12 omne gerú fectatur” se encuentra la iglesia, viene después el cementerio, una huerta, luego un bosque de naranjas de frutas dulces y soberbias. Todo el frente del colegio rodeado de un bello corredor formando (…) y toda la vuelta del patio principal está también provisto de bellos corredores. El cuerpo de la construcción principal, del que no quedan más que los fundamentos, estaba emplazado entre el patio y el jardín en oposición a la puerta principal. Al este del patio se ve una (…) que era el patio de la servidumbre, así lo atestiguan los restos de una tahona y de una botica de herrajero. Todo el pueblo estaba formado de casas y calles alineadas del este al oeste, todas construidas en piedra y cubiertas de tejas como la de los otros pueblos. Todas la piedra que ha servido para la construcción de Santa Ana es en arenisca fina, excelentes piedras o agujas y algunos pedazos de conglomerados de pequeños granos como los que he observado hasta aquí. Todo ese conglomerado es nuevo y tiene el aspecto de haber sido volcánico. En los muros del jardín yo he encontrado algunas masas de conglomerado encerrando pedazos de piedra de cuarzo y de piedras de (…) del tamaño de un puño.” (Machón, 2004: 20).

Sospechado de espía, introductor de armas y connivencia con tropas entrerrianas, Bonpland es parte de los motivos que impulsan a los paraguayos a invadir las misiones ese año, volver a quemarlas (aunque no todas) y a llevarlo prisionero al Paraguay, precisamente a dónde había querido ir desde el comienzo pero, ahora, con tristes consecuencias. Dejó una bella descripción de Santa Ana.

Ambrosetti

El 14 de agosto de 1894, Juan Bautista Ambrosetti, naturalista encargado por Francisco Moreno a realizar un viaje científico, estaba embarcado en el vapor San Javier y aspiraba a llegar a Posadas en él. El río estaba bajo y la navegación era difícil. Llegado al Paso de la Patria, escribe emocionado:

El corazón de todo patriota no puede menos que estremecerse al enfrentar el Paso de la Patria; los recuerdos se agolpan y al reconstruir mentalmente la acción heroica de que fue teatro, un profundo respeto lo invade. Evoca las sombras veneradas de los que cayeron, y vislumbra sin quererlo, sobre el gran arenal, la sangre derramada en holocausto de la Patria” (Ambrosetti, 2008: 163).

Se refiere a la guerra del Paraguay.

Ambrosetti dedica una nota a Bonpland. Dice:

Santa Ana fue fundado primero al este del Río Yacuí en 1663, pero también por miedo a los portugueses los colonos emigraron en 1636 para las costas del Paraná, fijándose definitivamente donde se halla hoy en 1660.

En 1820, el célebre naturalista Amado Bonpland se estableció en las ruinas de Santa Ana y preparó un establecimiento para la fabricación de yerba mate con los indios que pudo reunir de los restos del ejército del General Artigas, pero a fines de 1821 los soldados del dictador Francia lo atacaron, matando dos indios e hiriendo a varios otros. Bonpland mismo herido en la cabeza, fue llevado prisionero a Villa Encarnación y de allí a Santa María de la Fe.

[…] En el Cerrito, Bonpland pasó diez años confinado, sin más compañeros que los indios y los pocos empleados del dictador Francia, suerte verdaderamente deplorable para otro cualquiera que no tuviese el genio resignado.” (Ambrosetti, 2008: 1819).

También consigna que, en su época, en Santa Ana se hallaba un ingenio azucarero de mucha importancia el cual pertenecía al General Rudecindo Roca. Desde el vapor se veían las chimeneas, los grandes edificios en “[…] en contraste al lado de las chozas, o mejor ramadas miserables de los indios chaqueños, tobas y matacos que allí trabajan.” (Ambrosetti, 2008: 181).

Santa Ana

Hoy, Santa Ana es un sitio arqueológico Patrimonio de la Humanidad, abierto a los públicos y desarrollado para recibir el turismo que, en pos de las Cataratas del Iguazú, llega hasta su predio.

¿Qué queda de los tiempos de su destrucción?

En primer lugar, los recintos que diseñaron los jesuitas con una lógica arquitectónica casi romana que contemplaba una planta rectangular rígida, articulada funcionalmente como un convento y anexando el pueblo: los indios guaraníes.

En segundo lugar, el nivel de quemazones bélicas.

En tercero, el suave silencio de lo muerto.

Suscita admiración y sospechas. ¿Qué fue? ¿Un experimento pedagógico-evangélico? ¿Un Estado dentro de otro Estado? ¿Una reducción de indios en policía? ¿Una utopía renacentista? ¿Una ideología barroca y contra reformista?

Los muros no dicen nada. Ya no tiene el higuerón que la identificaba. Es un prolijo parque destinado a exaltar “las ruinas”.

Referencias bibliográficas

Ambrosetti, J. B. 2008 Primer y segundo viaje a Misiones por Juan Bautista Ambrosetti. Albatros. Buenos Aires.

Machón, J. F. 2004 Amado Bonpland a Misiones en 1821. Creativa. Posadas.